El apicultor o colmenero se encarga de cuidar y mantener las abejas melíferas. A cambio recibe de ellas productos naturales de gran valor nutricional como la miel, el polen, la jalea real y el propóleo. Todos ellos saludables y beneficiosos para la salud humana. Además de la elaboración de estos productos naturales, las abejas desarrollan la importante labor de polinización.

Son tareas destacadas del apicultor el emplazamiento de las colmenas, la recolección de los productos apícolas, la conservación de la miel y el desempeño de actividades de limpieza y mantenimiento a lo largo del año.

El emplazamiento correcto de las colmenas en fundamental para facilitar a las abejas su tarea de recolección. Para ello tendrá en cuenta la floración de las especies vegetales de interés.

Tras la recolección por parte de las abejas llega el momento de que el apicultor recolecte la miel. Para ello se protegerá con un traje especial para evitar posibles ataques o picaduras de las abejas. Esta actividad debe desarrollarse solo por apicultores en el momento óptimo.

Cuando la recolección ha finalizado, llega el momento de limpiar las colmenas para su aprovechamiento en próximas campañas. Se retiran las celdillas vacías y se quitan la parte reseca y sucia de los panales.

 

El apicultor protege la actividad y ciclo vital de las abejas y recolecta su producción en el momento adecuado. Su labor es fundamental para preservar la vida de las melíferas.